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La atadura

Obra

La atadura

Vanessa Duriès · 1993

Una lectura desde el altar.

01

SOBRE EL NOMBRE, ANTES QUE NADA

En francés se llama Le lien.

Y le lien es una palabra que en español no tiene equivalente exacto.

Es el vínculo y es la atadura.

Es la cuerda que te ata a la cama y es el hilo invisible que te une a alguien para siempre.

Es las dos cosas a la vez, sin contradicción.

La atadura

Los traductores eligieron La atadura.

Tiene sentido: atadura suena a cuero, a cuerda, a nudo, a inmovilidad.

Suena a lo que pasa en el sótano.

Pero pierde algo.

Pierde la suavidad del lien, que en francés puede ser un lazo de seda o una cadena.

Vínculo habría sido más amable, más emocional.

Atadura es más crudo, más físico, más de rodillas en el suelo.

La cuerda y el vínculo

Y creo que la elección es correcta, aunque incompleta.

Porque el libro es las dos cosas:

la cuerda que te inmoviliza y el amor que te sostiene.

Es el dolor y es el sentido.

Es Pierre atándole las muñecas a Laïka y es Laïka escribiendo:

Prefiero amar una vez que ser amada toda mi vida

“Prefiero amar una vez que ser amada toda mi vida.”

Si tuviera que elegir una sola palabra,

me quedaría con atadura.

Porque vínculo todavía permite imaginar dos cosas unidas que conservan intacta su forma.

Una atadura hace algo más.

Restringe.

Marca.

Modifica el movimiento.

Y después de haber sido atado,

un cuerpo ya no ocupa el espacio exactamente igual.

Quizá de eso trate realmente el libro.

02

PARA QUIEN NO LA CONOCE

La atadura la escribió Vanessa Duriès en 1993.

Tenía veinte años.

Murió en un accidente de coche unos meses después de que saliera el libro.

Veintiún años.

La atadura

Es un libro corto, fragmentario, quince capítulos.

No es una novela con trama.

Es un testimonio.

Laïka —que es Vanessa, o el nombre que su Amo le puso— cuenta cómo conoció a Pierre, cómo la inició en el BDSM, cómo se convirtió en su esclava, qué le pasó por dentro mientras todo eso ocurría.

Eso último importa.

No cuenta solamente qué le hicieron

No cuenta solamente qué le hicieron.

Cuenta qué empezó a ocurrirle consigo misma mientras participaba en aquello.

Es un libro raro.

Una mujer joven intentando comprender una experiencia mientras todavía está dentro de ella.

No escribe desde la distancia de quien ya salió y ordenó retrospectivamente lo ocurrido.

Escribe desde el vínculo.

Desde la atadura.

Y quizá por eso nunca termina de resolverla.

03

EL CONSENTIMIENTO NO ES TAN CLARO COMO PARECE

Duriès dice una y otra vez que nada se impone sin consentimiento.

Que la esclava elige los límites.

Que el Amo no debe transgredirlos.

Que si hay amor y confianza, todo está permitido.

Hay un contrato implícito.

Hay negociación.

Hay una ética.

Pero también hay momentos en los que Laïka no sabe si quiere.

Momentos en los que hace cosas porque no puede negarse, no porque las desee de una manera limpia, anterior, perfectamente reconocible.

Momentos en los que el deseo y la obligación dejan de ser polos opuestos y empiezan a mezclarse.

El temor a decepcionarle

“El temor a decepcionarle si me niego a hacer algo me impulsa a veces a arrastrar ciertas pruebas que, si bien me revuelven las tripas, demuestran que le pertenezco.”

Arrastrar pruebas que le revuelven las tripas.

Eso no es simplemente deseo.

Pero tampoco puede reducirse sin más a ausencia de deseo.

Hay amor.

Hay miedo.

Hay culpa.

Hay orgullo.

Hay necesidad de demostrar que se pertenece a alguien.

Y lo inquietante es que todos esos elementos pueden existir a la vez.

La atadura

Luego está la frase del capítulo 1,

la que más me inquieta:

Mi Amo puede conseguir de mí cuanto se le antoje

“Mi Amo puede conseguir de mí cuanto se le antoje. Puede forzarme y hacer realidad todo lo que desea, incluso aquello que no se atreve siquiera a confesar.”

¿Eso es consentimiento?

Quizá la pregunta sea insuficiente.

Porque La atadura no presenta el consentimiento solamente como una frontera entre lo permitido y lo prohibido.

Lo convierte también en parte de la propia arquitectura del deseo.

Laïka no quiere únicamente determinadas cosas.

Parece querer también ocupar una posición en la que otro pueda llevarla hacia algo que ella sola quizá no pediría.

La pregunta empieza entonces a torcerse

¿Qué ocurre cuando una persona consiente precisamente en construir una relación capaz de empujarla más allá de aquello que sabe que quiere?

04

TE OBLIGO A QUE ME OBLIGUES

Hay un ejemplo en el capítulo 5 que lo dice casi todo.

Habla de una mujer que practica la coprofagia:

Amparada

“Cierta mujer obligada a entregarse a la coprofagia no adoptó esta práctica sino amparada por el secreto del cuero, el acero y el látex.”

Amparada.

Esa palabra es la clave.

La orden no solamente obliga.

También protege.

Construye una escena dentro de la cual puede ocurrir algo que fuera de ella quizá resultaría insoportable reconocer como deseo propio.

Esa mujer no necesariamente hace algo que sencillamente “no quiere”.

Puede estar haciendo algo que quiere,

pero no se atreve a querer de la misma manera fuera de la escena.

El Amo puede ofrecer una coartada

El Amo no tiene por qué fabricar el deseo desde cero.

Puede ofrecerle una coartada.

Una forma.

Una estructura.

Una frase exterior que permita atravesarlo:

hazlo.

Y entonces ella puede responder:

me lo ordenaron.

Te obligo a que me obligues

Es el mecanismo del “te obligo a que me obligues”.

No como truco.

Como estructura.

La orden permite actuar algo que quizá ya estaba ahí,

pero todavía sin nombre,

sin forma

o sin autorización interior.

Y al ordenarlo,

el Amo puede llegar a revelarlo.

Le dice:

mira, esto también puede ser tuyo.

Laïka lo dice de sí misma en el capítulo 10:

Sin duda inconscientes

“Todo lo que él imaginaba se hallaba en íntima sintonía con mis fantasías, sin duda inconscientes.”

Sin duda inconscientes.

Ella misma no las conoce del todo.

Pierre, o al menos la posición que Pierre ocupa dentro de la relación, funciona entonces como intérprete.

No solamente dispone.

También propone una lectura.

Escenifica una hipótesis sobre ella.

Y Laïka se encuentra a sí misma respondiendo dentro de esa hipótesis.

Una hermenéutica de su propio deseo

Su sumisión es, en parte,

una hermenéutica de su propio deseo.

No porque Pierre posea mágicamente la verdad de Laïka.

Sino porque la relación crea un dispositivo en el que ciertos deseos pueden aparecer, ser probados, rechazados, incorporados o reconocidos.

El Amo no solamente dice qué hacer.

A veces parece decir:

mira lo que eres capaz de querer.

Y eso es hermoso.

Y es terrible a la vez.

05

LA SUMISA LÚCIDA

Laïka no es una víctima.

No es una pasiva.

No es una mujer que se deja hacer.

Es una estudiosa de su propia sumisión.

Teoriza el vínculo.

Describe el orgullo de la esclava.

Confiesa sus celos.

Escribe una carta pidiendo más.

Y sobre todo:

narra.

Me convertí en la espectadora de ese dolor

“Me convertí en la espectadora de ese dolor. Sufría, sí, pero dominaba el sufrimiento.”

Hay una escisión ahí.

Una parte sufre.

Otra mira.

Una parte está dentro del acontecimiento.

Otra puede contemplarlo.

No significa que el dolor desaparezca.

Significa que Laïka produce una distancia respecto de él.

Y en esa distancia aparece una forma de poder.

No el poder de no ser objeto.

Sino el poder de seguir produciéndose como sujeto mientras ocupa la posición de objeto.

Siempre queda alguien mirando

Laïka puede ser poseída dentro de la escena sin desaparecer completamente dentro de ella.

Siempre queda alguien mirando.

Y luego escribiendo.

06

EL TRAUMA INICIAL

El capítulo 1 es intenso.

Un padre que la castigaba sin explicación.

Que la ataba en el pasillo.

Que la encerraba en un armario.

Que la llamaba “desvergonzada” y “guarra” sin motivo.

No tenía la menor noción de lo que era el pecado

“No tenía la menor noción de lo que era el pecado, y durante mucho tiempo me estrujé la imaginación tratando de entender qué diferencia podía existir entre una chiquilla normal y corriente y la sinvergüenza que decían que era yo.”

Esa niña no entendía.

Y quizá esa incomprensión sea más importante que el propio castigo.

No solamente había dolor.

Había dolor sin código.

Castigo sin significado.

Una violencia cuya causa ella tenía que imaginar.

Pero resulta difícil no ver que algo de aquella estructura reaparece transformado con el Amo.

Esta vez hay dolor.

Pero hay reglas.

Hay castigo.

Pero hay ritual.

Hay humillación.

Pero hay un lenguaje para nombrarla.

Y sobre todo hay elección,

aunque esa elección después construya una situación en la que renunciar a elegir puede convertirse precisamente en parte del deseo.

Elegí esta con absoluta libertad

“Si me resigné a mi suerte fue porque elegí esta con absoluta libertad.”

La frase es la clave de todo el libro precisamente porque no elimina la contradicción.

La vuelve visible.

Elegir una relación que después restringirá la propia capacidad de elegir.

No es simplemente una víctima que repite su trauma.

Tampoco podemos afirmar tranquilamente que lo “cura”.

Lo que hace es introducir antiguos elementos —dolor, castigo, inmovilidad, humillación— dentro de una nueva estructura en la que puede participar en la producción de su significado.

Lo que antes era incomprensible ahora puede convertirse en ritual.

Lo que antes aparecía como arbitrariedad puede adquirir una lógica.

Y aquello que antes la definía desde fuera puede convertirse en algo que ella incorpora a la construcción de sí misma.

No sabemos si eso repara el trauma.

Pero sí parece reescribir la escena.

07

LA AGENCIA DE NARRAR

El libro mismo es una prueba de sumisión.

Pierre se lo pide.

Ella lo escribe.

Es una orden más.

Pero también es un acto de apropiación.

Porque obedecer la orden de escribir produce una inversión extraña.

La esclava se convierte en autora.

El objeto en sujeto.

La sumisa en escritora.

Pierre puede ordenar que escriba.

Pero no puede controlar enteramente lo que significa escribir.

Porque quien narra selecciona.

Ordena.

Interpreta.

Decide qué mostrar.

Qué ocultar.

Qué convertir en teoría.

Qué convertir en recuerdo.

Qué convertir en amor.

Y también decide cómo aparecerá el Amo dentro de la historia.

La esclava que se arrodilla sostiene la pluma

Pierre puede disponer de Laïka dentro de la escena.

Pero Laïka dispone de Pierre dentro del libro.

La esclava que se arrodilla es la misma que sostiene la pluma.

Y esa paradoja quizá sea más interesante que intentar decidir cuál de las dos posiciones es la verdadera.

Son ambas.

08

POR QUÉ SU SUMISIÓN ES PECULIAR

No es una esencia: es una estrategia

Laïka no se somete simplemente porque posea una esencia masoquista que estaba esperando ser expresada.

Ella misma propone otra lectura.

En la carta del capítulo 7 escribe:

Un subterfugio

“Intuyo que esta sumisión no es más que un subterfugio para demostrarme a mí misma que soy capaz de soportar lo peor y encontrar así un equilibrio que me dé seguridad.”

Un subterfugio.

Ella misma lo llama así.

La sumisión puede funcionar como estrategia.

Como una forma de ponerse a prueba.

Como ascesis.

Como entrenamiento de la voluntad.

Cada prueba contiene entonces una pregunta:

¿hasta dónde puedo llegar?

Y cada prueba atravesada produce una respuesta corporal.

Puedo soportarlo.

Puedo llegar más lejos.

Puedo convertirme en alguien capaz de esto.

No es solamente obedecer a otro.

También es utilizar esa obediencia como una tecnología para construirse.

09

NO ES DISOLUCIÓN: ES CONSTRUCCIÓN

O se disuelve.

Severin se engaña.

Laïka se construye.

Su viaje no parece dirigirse únicamente hacia la pérdida del yo.

También fabrica otro yo.

Cada prueba superada puede incorporarse a la imagen que tiene de sí misma.

Cada marca se convierte en una inscripción.

Los estigmas de la realidad de mi amor

“Llevo los estigmas de la realidad de mi amor.”

Las marcas no son solamente heridas.

Son pruebas de que ha vivido algo real.

Pero también son algo más.

Son memoria material.

El cuerpo se convierte en archivo

El cuerpo se convierte en archivo de la relación.

Y aquello que se inscribe sobre él puede empezar a formar parte de la identidad de quien lo porta.

La práctica, entonces, no expresa solamente un sujeto previo.

También produce un sujeto nuevo.

Laïka no entra al sótano siendo exactamente la misma persona que sale de él.

La práctica participa en la fabricación de aquello que llegará a ser.

10

NO ES SOLITARIA: ES COMUNITARIA

A diferencia de Severin, que construye gran parte de su fantasía alrededor de Wanda,

Laïka pertenece a una comunidad.

La atadura

Maïté. Julien. Didier. Fiona. Patrick. Ghislaine. Alexia.

Todo un mundo social con códigos, jerarquías, amistades, fracasos y farsantes.

Eso importa porque la práctica deja de ser solamente una relación erótica privada.

Se convierte también en una forma de pertenencia.

El capítulo 9 es una sátira feroz de los falsos amos:

los oportunistas,

los brutales,

los estafadores.

Frente a ellos, Laïka defiende el sadomasoquismo como arte, filosofía, espacio cultural.

Un arte, una filosofía, un espacio cultural

“El sadomasoquismo es un arte, una filosofía, un espacio cultural vetado a los mentirosos y a los hipócritas redomados.”

Eso no lo dice O.

Eso no lo dice Severin.

Eso lo dice una mujer que ha encontrado en el BDSM no solamente placer,

sino un lugar en el mundo.

Salir de una práctica no significa solamente dejar de hacer determinadas cosas.

Puede significar también abandonar una comunidad,

un lenguaje,

una jerarquía,

una forma de reconocimiento

y una determinada manera de comprenderse.

11

OTRAS FORMAS DEL MISMO LIBRO

La atadura
La atadura
La atadura

Le lien.

The Ties That Bind.

La atadura.

Distintas portadas.

Distintos idiomas.

Distintas promesas editoriales.

La misma pregunta debajo:

¿qué clase de vínculo puede cambiar la forma de quien entra en él?

12

UNA ÚLTIMA COSA

La atadura no resuelve la tensión entre consentimiento y agencia.

La habita.

Laïka consiente,

pero no siempre sabe de antemano lo que quiere.

Se somete,

pero esa sumisión la construye.

Obedece,

pero interpreta.

Es objeto dentro de la escena,

pero sujeto de la narración.

Es esclava,

pero es escritora.

Una atadura no solamente une

Una atadura no solamente une.

Modifica el movimiento de aquello que une.

Y después de ella

uno puede soltarse.

Pero no necesariamente

vuelve a moverse igual.

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