RESEÑA
Publicada en 1870, La Venus de las pieles es una novela corta del escritor austríaco Leopold von Sacher-Masoch y una de las obras históricamente más vinculadas con aquello que, pocos años después, terminaría recibiendo de su apellido el nombre de masoquismo.
La novela sigue a Severin von Kusiemski, un hombre fascinado por la posibilidad de someterse a una mujer hermosa, fría y cruel.
Cuando conoce a Wanda von Dunajew, intenta convertir ese deseo en una relación:
le propone que lo domine,
establece condiciones para su propia servidumbre,
y participa activamente en la construcción de la figura ante la que quiere rendirse.
LO QUE ME INTERESA
El deseo necesita una escena
La primera rareza de Severin es que su deseo necesita una escena.
No basta Wanda.
Necesita una determinada Wanda:
pieles,
frialdad,
crueldad,
distancia,
contrato,
obediencia,
esclavo y ama.
Aquí el fantasma lacaniano resulta más preciso que hablar simplemente de fantasía.
No sería la ocurrencia de imaginar una mujer cruel.
Sería la escena que organiza su deseo y establece lugares:
qué debe ser Wanda,
qué debe ser él,
y qué debe circular entre ambos para que algo pueda ser deseado.
El deseo necesita una gramática
El deseo necesita una gramática.
Y Severin la construye.
Wanda no ocupa inicialmente esa posición con la intensidad que él desea.
Él tiene que enseñársela.
Propone.
Insiste.
Describe.
Introduce símbolos.
Establece el contrato.
Proporciona un imaginario de lo que ella debería llegar a ser.
El sometido participa en la producción de su dominante
El sometido participa en la producción de su dominante.
Construir algo no significa seguir gobernándolo
Aquí hay una operación naamática fundamental.
Severin construye a Wanda.
Pero en algún momento Wanda empieza a desear con el deseo de Severin algo que él no controla.
La escena deja de obedecer por completo a quien la convocó.
Naamah no extrae deseo
Naamah no extrae deseo.
Extrae la autoría sobre el deseo.
Y al hacerlo, libera el deseo de la trampa de la identidad.
PREGUNTAS DESARROLLADAS
¿Quién gobierna una escena?
¿Quién gobierna una escena cuando quien obedece ha construido aquello a lo que quiere obedecer y esa construcción, al repetirse, comienza a adquirir una voluntad propia?
La novela vuelve difícil pensar el deseo como algo que simplemente existe dentro de una persona esperando ser satisfecho.
Severin necesita producirlo mediante objetos, imágenes, palabras, reglas, tiempos y otra persona.
¿Qué necesitas construir para poder desearlo?
¿Qué necesitas construir para poder desearlo?
¿Qué posición necesitas ocupar?
¿En qué puede convertirte repetirla?