No tenía la menor noción
de lo que era el pecado,
y durante mucho tiempo
me estrujé la imaginación
tratando de entender
qué diferencia podía existir
entre una chiquilla normal y corriente
y la sinvergüenza
que decían que era yo.
No tenía la menor noción
de lo que era el pecado,
y durante mucho tiempo
me estrujé la imaginación
tratando de entender
qué diferencia podía existir
entre una chiquilla normal y corriente
y la sinvergüenza
que decían que era yo.